jueves, 11 de septiembre de 2025

Historia de una pareja

Una merienda en un café nos unía más a Sofía y a mí que un enlace iónico a dos átomos. Con el paso de los años, ese pequeño instante de la vida se había transformado en un rito, una peregrinación a la experiencia de sentarnos frente a ventanales y degustar, a veces en silencio y otras en intensas conversaciones, la comida elegida.

Casi siempre la escena era la misma: yo tenía bastante claro lo que iba a pedir (tostados con café o licuado, dependiendo la estación), pero Sofía disfrutaba leer a detalle la carta, considerar las opciones, calcular los precios, acercarse al mostrador a seleccionar (o soñar) entre tortas, churros y otras tantas cosas dulces que había. En esos minutos yo la observaba hablar consigo misma, preguntarme mi opinión, frustrarse, decidirme y luego pedir algo diferente.

A menudo yo sólo era un espectador de ese momento, pero disfrutaba observar su rostro suave y su cabello negro enfundado en gorritos de lana, sus manos delicadas arremangando la manga de sus pullovers color pastel, sus ojos (todo un caleidoscopio de tonalidades café) concentrados en su tarea, pasando de la comida a mí y sonriendo en esa pose que alguna vez fuera lo primero que me había cautivado de ella. Nuestros dedos se entrelazaban, mientras los tazones de porcelana con café con leche humeaban su aroma, fundiéndose con el delicado perfume de ella.

Así transcurrieron los años. Puede que en la semana las obligaciones nos inundaran el tiempo, pero cada sábado de tarde, a medida que el sol se hundía entre los edificios de Buenos Aires, Sofía y yo merendábamos en algún lugar. Sus ojos y los míos volvían a encontrarse, y el rito se repetía una vez más.

Un día dejamos de ir. No sé muy bien cómo pasó o por qué. A veces nos quedábamos dormidos y despertábamos para la cena. Otras, simplemente nos hacíamos un té de saquito en unas tazas viejas, acompañado con un surtido de galletitas rellenas del supermercado. La televisión encendida acaparaba nuestra atención, mientras cada uno se reía mirando videos en su propio celular. Yo vestía alguna remera de entrecasa y me encerraba en mi mundo, ajeno a la mirada de Sofía, que semana a semana se alejaba más y más.

Hubo un día en el cual ya no merendamos. Sus ojos color café, su larga selección de tortas, churros y cosas dulces, el entrelazar nuestras manos, se transformó en un recuerdo y ambos decidimos seguir nuestros caminos separados. Dicen que uno no entiende lo que tiene hasta que lo pierde, lo cual comprendí demasiado tarde. La unión, el enlace, se había roto.

Pasaron los años. Durante mucho tiempo estuve errante, como quien camina sin sendero y busca sin mapa. Sonreía ante la gente, me mantenía ocupado. En las tardes en las que no trabajaba me quedaba en mi balcón, tomando un té tibio y observando a personas anónimas caminar por la vereda. 

Una tarde fría de lluvia, cuando ya podía ver algunas canas en mi pelo, decidí salir a merendar. Elegí un lugar que conocía, y fui caminando bajo el intenso temporal. Al llegar, dejé mi campera en el respaldo de la silla frente a un ventanal que daba a la calle. La moza me trajo la carta (yo sabía ya lo que iba a pedir). Estaba a punto de ordenar, cuando alcé mis ojos y mi corazón se detuvo. Allí, frente al mostrador, una mujer con cabello negro y gorrita de lana, rostro suave y pullover color pastel observaba las tortas, decidiendo cuál pediría. Al darse vuelta, nuestras miradas se cruzaron y fue como si los años no hubieran pasado. Me acerqué, ambos nos miramos en silencio y, al unísono, dijimos:

“¿Querés merendar conmigo?”


miércoles, 28 de septiembre de 2022

Sinceridad


Algunos días no sé dónde está el cielo
Ni siento la tierra bajo mis pies
Algunos días abrazo mi sombra
Otros huyo de ella
Algunos días quisiera volar lejos
Un soplo de aire que se funde con el viento
Para no volver a caer

Persiste el encierro tan lejos mío
Llama a mi puerta pidiendo sal
Cansado en el alma, estalla en pedazos
Como un pecador que sonríe en el espejo
Su cegera es fruto de su decisión

Algunas noches no encuentro mi reflejo
Ni el sonido de mi voz
Algunas noches me pierdo en el camino
Veo carteles sin dirección
Algunas noches quisiera fundirme
Como una gota que se encuentra con el océano
Para no volver a temer

Es el secreto dibujado en la pared
La persistencia de una máscara de papel
No queda más nada que vos y yo
Siluetas negras, ojos que me esperan
No me mires más, ya no puedo más
Con mi nombre
Con mis penas

Algunas tardes me reconozco en la frontera entre el día y la noche
Toco los acordes de la soledad
Algunas tardes me acuerdo de vos
Pero huyo de mi sinceridad
Algunas tardes quisiera volver en el tiempo
Como las agujas de un reloj que tocan las 12
Para poder volver a empezar

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Quebrado

Quieto, mi brazo es quebrado por espinos.
Veo un rostro que sonríe entre espasmos.
Sus ojos brillan entre lágrimas contenidas,
Perturban cada centímetro de mi ser .

Quemando, mi pierna sangra por el deseo.
El sol se hunde, se esconde de mi vista.
Un camino se pierde entre la niebla,
Hace tiempo que intenté escapar.

Hundido, mi corazón estalla entre mis heridas.
Cada ser que sueña se enfrenta a sus pesadillas.
Abrázame fuerte, porque puede que hoy sea el último día
Antes de que me desvanezca en la lluvia.



martes, 15 de junio de 2021

El mundo sin vos

Vi la fotografía rota en un cajón,
Una flor seca caía al entrepiso.
El día era triste, de nubes grises,
Como tus ojos esa última vez.

Caminaba por ese viejo camino,
Las hojas amarillas sonaban bajo mis pies.
Pero no era lo mismo sin vos,
Sabía que esta vez era solo yo.

Yo creía en el mañana,
Pensaba que sería mejor que ayer.
¿Acaso fue algo que dije?

Las estrellas siguen ahí cada noche,
Se ocultan con el amanecer.
Las observo llegar e irse
Porque ya no puedo dormir.

Me dijiste que así sería mejor.
Dimos todo y ahora no tengo nada.
Te fuiste, pero todavía te siento a mi lado.
¿Cómo puedo seguir adelante?

Lento, sigo avanzando paisajes conocidos.
Me abrazaré en nuestro lugar.
Algún día todo habrá pasado hace mucho tiempo,
Pero nunca te olvidaré.



miércoles, 9 de junio de 2021

Gregorio Muslard

Gregorio Muslard empieza su día con dolor.
Hace años que es viudo, de ella sólo le queda un jarrón.
Compra el pan y alimenta a las palomas.
Mírenlo tratar de llamar su atención.

Gregorio Muslard, se agacha despacio sostenido por su bastón.
Rasca la tierra y saca las malezas de sus flores.
Hace mucho que nadie le ayuda a hacerlo.

Sólo y despreciado,
Ni sus hijos lo quieren.
Él lo intentó.
Pide perdón, pero ya nadie le cree.
Sólo quisiera un segundo para decir
Que él lo intentó.

Gregorio Muslard, ahora vive en un asilo.
Nunca fue su elección.
Los días se pasan, la pared es la misma.
Postrado en la cama, ve a la gente ocupada pasar tras la ventana.
El teléfono nunca sonó.

Gregorio Muslard, murió sin que nadie le respondiera.
El encargado se pregunta si alguien vendrá.
"Parece que no".
Cierra la tapa, ya pronto lo enterrarán.
Gregorio Muslard, ¿quién lo va a recordar?



martes, 1 de junio de 2021

Take 1 [Escritura improvisada 3]

Ayer pensaba de nuevo en esa calle de tierra
Donde nada era real.
Los ojos recorrían a los niños jugando
Con sonrisas que ya no existen.
Te invitaría a que me acompañes,
Pero es un lugar que se perdió en el tiempo.
Volvemos sólo en sueños, aunque no pensamos detenernos.

El árbol roto era amarillo, y sus raíces duras.
Podría pasar horas viendo las hojas caer,
Sentado en el mármol blanco.
En la lejanía estaba la eterna estela de humo blanco
Que partía el cielo en dos.
Creo que todavía la veo.

Entre baldosas viejas corría el agua.
Los nomeolvides crecen alrededor.
Cuando camino, mis pies me elevan del suelo.
Si quiero correr, avanzo despacio.

La noche cae serena en el barrio de las calles de tierra,
Con el ocaso nace un nuevo día.
A veces quisiera haber podido quebrar los huesos de los payasos, 
Cerrar los ojos y no escucharlos.

Grito mi nombre, pero ya no tiene el mismo significado.
Hundido en la hierba que silencia
El peso rompe mis rodillas.
Pero no es el final.
Sé que no es el final
Para mí.



sábado, 22 de mayo de 2021

[Reflexión] Sobre la angustia de escribir

Siempre hay algo que decir. Incluso en esos días adonde las ideas están apagadas, adonde el papel se extiende ante uno, impaciente por ser llenado. A veces esto ocurre en los momentos que parecieran ser menos indicados. El día puede ser perfecto, ideal para abrirse a uno mismo y explorar las palabras, los sentimientos. Pero todo cuando nos rodea conspira para entorpecernos: los ruidos no cesan, el celular suena ante la llegada de decenas de mensajes, las personas hablan con voz fuerte, y las interrupciones son muchas. Aún en ese momento, hay algo para decir. Puede que no sea nuestro mejor trabajo, pero todo se abre como inspiración. Sentimos la incomodidad, la frustración, el desasosiego. E incluso eso es necesario. 

Nuestros mundos se construyen a través de diferentes experiencias. La felicidad, por ejemplo, es un estado que añoramos y que extrañamos en los momentos más difíciles. El miedo nos restringe y nos desafía a superarlo, como una cresta a la que tenemos que subir con mucho esfuerzo. La tristeza, el éxtasis, la esperanza y la tranquilidad. El odio y el amor. De todo eso escribimos. Nuestros poemas, nuestros personajes, nuestros mundos internos y el cómo los reformamos en obras literarias tienen tanto de nosotros que no podrían existir sin nosotros de la misma manera. Y luego, quienes lo leen lo transforman y lo adoptan como propio. Lo saborean, le dotan de nuevos significados. Lo admiran, lo quieren, lo detestan o lo odian. Y todo eso genera expectativas a uno, que le da al mundo una porción de su alma en forma de palabras.

Siempre hay algo que decir. Algo pequeño o algo enorme. No es necesario que sea sorprendente, ni que nos frustremos si no sale a la primera. En este blog casi todas mis obras están en borrador; son muy pocos los cuentos que rehago o corrijo demasiado. Muchos, seguramente, sean ideas que voy a retomar más adelante. Pero todas son válidas. Eso es importante. Experimentar, jugar con nosotros mismos, nuestros recuerdos e ideas. Resignificarlas. Crear. Dejar ir, y tomar. Aún cuando sea difícil. Esa es la dificultad y la belleza de escribir.