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domingo, 4 de octubre de 2020

La Navidad de Juanito Laguna (cuento + making of)

El sol caía ya sobre los basurales que rodeaban la villa, cuando Juanito Laguna emprendió el viaje de vuelta a su casa. Caminaba tan rápido como le permitían sus piernas, alentado por la emoción que le producía el solo pensar en lo especial que iba a ser esa noche, la cual, como cualquier niño, esperaba con ansias durante todo el año. 

Mientras recorría rápidamente los conocidos montones de basura, aquellos en los cuales había jugado toda su vida, comenzó a distinguir cada vez más cerca la villa en la que estaba su hogar. Se detuvo un segundo, y observó por enésima vez ese paisaje que tanto conocía: la villa, con sus casas humildes, a veces demasiado, se extendía frente a él. Dentro, cientos de personas vivían amontonadas, luchando por subsistir en una ciudad donde no se les daba ni la atención ni las oportunidades que tanto anhelaban y necesitaban. Y por detrás, se alzaban los grandes edificios. Juanito jamás había estado dentro de uno de ellos,  en donde se contaba que había muchas comodidades, propias de las que tenía la “gente con suerte”, como les decía él.   

Al internarse en el lugar, saludó rápidamente a aquellos conocidos  a los que se cruzaba, y se dirigió directamente hacia su casa. Cuando llegó, ya era de noche, y la luna era bien visible en el cielo. Junto a ellas, se distinguían algunas estrellas, las pocas que todavía no habían sido consumidas por la luz de la ciudad.   

La pequeña habitación donde se reunió la familia era para el niño lo más confortable que había en el mundo. Con su piso de tierra y sus paredes de chapa, causaba en Juanito esa sensación de calidez que solo proporciona un hogar. Hacía calor, por lo que la puerta se encontraba abierta, al igual que las ventanas. Y la tenue luz de la lámpara de querosén ubicada en el centro del lugar brindaba una extraña sensación, mezcla de  melancolía y clima de fiesta. En el medio del carenciado cuarto se encontraba una vieja mesa, de esas que uno no sabe cuando llegó, solo que siempre estuvo ahí, y su pobre estado daba la sensación de que en verdad era cierto. Solo una de sus patas era la original; el resto habían sido añadidas con el tiempo. A su alrededor, se reunía la familia, dispuesta a comer la cena preparada para esa noche: un pan dulce, y para beber, una Coca Cola para los niños, y una sidra para los grandes. Juanito se encontraba profundamente complacido. Aquella cena era sin duda la más deliciosa de todo el año. Tratando de saborear cada bocado, comenzó a mirar, cada vez más atentamente, el reloj, esperando que las agujas marcaran las doce en punto. 

Poco a poco, la hora tan esperada llego, y el reloj dio las doce. La familia brindó con sus pequeños vasitos, y los niños recibieron, cada uno, su regalo. Y una vez recibido, salieron corriendo afuera a jugar. Y mientras, los fuegos artificiales iluminaron el cielo, creando formas y colores que deslumbraron los ojos de los hermanos. 

Juanito pasó una noche que sería recordada toda su vida. Como todos aquellos momentos felices de su vida que contrastaban con su miseria de todos los días. 

"La Navidad de Juanito Laguna". Óleo sobre arpillera, obra de Antonio Berni. 1961.



Sobre el cuento (o un intento de making of).

El cuento que acaban de leer fue escrito hace ya siete años, cuando en mi último año del secundario se nos pidió que elaboremos un cuento basado en una obra de arte. De las obras disponibles, llamó mi atención el cuadro de Antonio Berni, "La Navidad de Juanito Laguna", que pueden ver más arriba. No recuerdo qué fue lo que me impactó de esa composición, pero sé que, con entusiasmo, procuré redactar el cuento. Me inspiré en el cuadro en sí, pero traté de pensar cuál sería la historia tras la imagen. ¿Qué significaba esa Navidad para Juanito? Con esa idea en mente, fui lentamente construyendo el relato. Fue un proceso tortuoso. Lo escribí y reescribí varias veces, con la presión de que en sólo una semana tendría que leerlo frente a mis compañeros. El sufrimiento del perfeccionista, se podría decir. Noche tras noche, dedicaba al menos una hora a pensar el cuento. A retocarlo. A ver cómo podía ser mejor. 

Hoy pienso que el resultado no era malo. Quiero decir, este era tal vez el cuarto cuento que escribía en toda mi vida, producto más del esfuerzo que de la habilidad. ¿Pero quién podría convencerme de eso? En esos años, la mera idea de pasar al frente del curso me provocaba pavor. Imagínense sí, además, tenía que hacerlo con un cuento propio en mano. Las inseguridades de la adolescencia, supongo.

Igualmente, con el tiempo el cuento tomó forma. No era una gran producción, pero me sentía orgulloso del resultado. Si bien la exposición fue un desastre (los nervios me jugaron un mal momento, principalmente por perder la fe en mi propio trabajo enfrente de todos y presentarlo como algo simple), hoy lo guardo con cierto cariño. Si bien al releerlo no dejo de sentir esa sensación del momento que ya describí, y con el paso de los años algunas personas opinaron (no sin razón) que al final le faltaba impacto, hoy me propuse a compartirlo. Tal vez porque quiero legitimar una partecita de mi pasado, o tal vez porque no pude escribir el cuento que pensaba subir hoy. Puede que sea una mezcla de ambas cosas. Sin embargo, quisiera dejar un par de ideas:
  1. No tenemos que avergonzarnos de nuestras producciones. Lo que escribimos no deja de ser un retazo de nosotros mismos. Y eso hay que valorarlo, independientemente del resultado de nuestra obra.
  2. Siempre se puede mejorar, pero no por eso debemos criticar de más nuestras obras. Todo podría ser mejor, pero la grandeza se llega a través de un camino. ¿Importa si algo que hicimos no sale como esperábamos? ¡No! Es un aprendizaje, un paso más hacia mayores habilidades.
Tal vez sea por eso que hoy subo este cuento. Al igual que buena parte de las obras viejas que subí, "La Navidad de Juanito Laguna" es una parte de ese yo adolescente que, aunque temeroso, quiso contar una historia. 

No es algo que pretenda olvidar jamás.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Revelación

Hoy, les traigo un texto que escribí hace ya unos cuantos años, cuando tenia unos 13. Hoy lo encontré en un viejo cuaderno. Había varios, pero por ahora, solo publicaré este. Lo escribí una noche que viajaba en auto por una ruta costera y, en la profunda oscuridad, pude ver las estrellas en su totalidad, ya que ninguna luz de la ciudad las podía opacar. Tal vez esto que les cuento los ayude a entenderlo mejor, y espero que les guste.


REVELACIÓN
Tanto tiempo sin poder ver,
Sin saber la verdad.
La oscura noche
Corrompida por la luz
No se ve tal cual es.
Pero ahora, 
Viajando en este silencio,
Veo tan claro como nunca antes
Esa magnifiscencia ancestral
Que esconde los tesoros del más alla. 
Adornada por estrellas,
Atacada por la necesidad
De querer cada vez más.

martes, 30 de septiembre de 2014

Tres pequeños escritos propios

Hola a todos!!! Hoy quería compartir tres poemas cortos que encontré en mi PC hace un tiempo, y ya habían sido publicados anteriormente en un comunidad de Taringa! llamada Letras Vivas, en la que una gran cantidad de escritores suben sus trabajos; los subo juntos porque personalmente creo que tienen mayor sentido y fuerza si se los lee como un conjunto. 
Sin más preámbulo, acá están:  


El cielo de tus ojos 
Sentimientos agolpados
Rompen las paredes de mi corazón.
El calor de tu cuerpo
Llena el frío de mi existencia.
No hay viaje sin historia.
No hay amor sin soledad.
No existe más cielo que el de tus ojos
Que derraman su brillo en la oscuridad.
Tres pequeños escritos propios


En mis sueños (Noches largas)
Tu recuerdo inunda mis sueños cada noche,
Y estos no me dejan dormir.
¿Cómo puedo olvidarte
Si aún vives dentro de mí? 
Tres pequeños escritos propios

Viendo la noche con lentes de sol 
Es como la lluvia 
Dentro de un vaso de agua.
Quisiera salir,
Pero no me deja moverme.
Busco respuestas
En una hoja en blanco.
Pero solo veo a la noche con lentes de sol.

Y vos te reís,
Y me señalas como si ya lo supiera
Que no puedo recuperar
Lo que nunca fue mío.

Es una sensación muy realista
La de acariciar espejismos,
Alimentar fantasías,
Historias que nunca serán realidad
Fácilmente, caí en tu juego.
Me divierto, pero no puedo vivir ocultando el Sol
Detrás de mí dedo.

No era necesario llegar a este punto.
Te siento cerca, pero te veo lejos.
Lo único que me queda es escribir esta tonta letra
Para que veas que aun te pienso.
Tres pequeños escritos propios

¡¡¡GRACIAS POR PASAR!!!